31 de diciembre de 2010

Es tan cómodo esperar algo de los demás. Tener un respaldo, algo en que confiar. Es hasta agradable. Pero no podemos quejarnos si esa persona nos decepciona o nos traiciona. Fuimos nosotros quienes depositamos nuestra confianza en esa persona. Pero ¿por qué nos enfadamos con ellos?. Siempre vamos a buscar las culpas afuera. Pero basta mirar con atención sólo un momento para darnos cuenta de que somos responsables de nuestras acciones. Si no esperamos nada de nadie, no reprocharemos ni nos enfadaremos con nadie. No es fácil, no es cómodo, ni es lo que nos va a nacer naturalmente, pero es lo mejor para no sufrir ni decepcionarnos. Sufriremos de todos modos, pero en menor medida. Y si algo agradable va a pasar que nos sorprenda, en lugar de esperarlo con ansias y que nunca pase. Al esperar algo de nosotros mismos, si no lo logramos es porque no fuimos lo suficienemente capaces, o no le dedicamos el esmero necesario, es nuestra responsabilidad conseguir lo que anhelamos. Si esperamos algo de otra persona y no lo logramos, vamos a reprocharle a esa persona porque no nos dio lo que esperabamos, y vamos a hacerla responsable de nuestro descontento cuando en realidad fue nuestra decisión enfocar nuestra expectativas en algo ajeno a nosotros, para no aceptar ninguna responsabilidad si las cosas no salen como las esperabamos. Por eso debemos

enfocar nuestras expectativas en logros personales , y no en conductas ajenas . Así seremos responsables de nuestra decepción y no podremos hacer reproches .

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