8 de abril de 2011

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistimos en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, perderemos la alegría y el sentido del resto. La vida se compone de etapas, de ciclos, de períodos, de fases, de capítulos. Nuestra existencia está comprometida con un conjunto de círculos que se van abriendo y círculos que se van cerrando. Somos parte de un movimiento contínuo que no cesa y no podemos mantenernos estáticos aunque lo querramos. Lo importante es aprender a cerrar esos circulos y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
Todo evoluciona dentro de nosotros y fuera de nosotros. El universo cambia y se transforma. Las pieles se caen y crecen otras pieles. La flor nace y muere y luego nacen nuevas flores. Este es un proceso sin fin, una ley natural y es inútil intentar evadirla. Podemos pasarnos mucho tiempo de nuestro presente "revolcándonos" en el porqué, en devolver el casette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. Cada cosa pasa, se va y las etapas del pasado ya fueron vividas. Entre nuestras manos crece el presente, las horas no esperan y hoy es otro día, otra historia. Los ciclos del ayer que se queden en el ayer, continuemos caminando hacia adelante, hacia los nuevos amaneceres, hacia las nuevas oportunidades. Sino es asi el desgaste va a ser infinito porque en la vida, todos estamos abocados a ir cerrando capítulos, a pasar la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante. No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué! Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse de eso. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. No! ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, hay papeles por romper, documentos por tirar, libros por vender o regalar. A veces al merodear viejas esquinas y viejas memorias solo logramos salpicarnos de infelicidad y de un martirio de preguntas sin respuestas. Olvidemos lo que no se dijo, las promesas que no se cumplieron, los proyectos que no se realizaron. El pasado ya se fue y si nos vamos con él pues enloqueceremos o moriremos de desencanto. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente. El pasado ya pasó. No esperemos que nos devuelvan, no esperemos que nos reconozcan, no esperemos que alguna vez se den cuenta de quiénes somos. Soltemos el resentimiento, el prender "nuestro televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que conseguimos es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo. La vida está para adelante, nunca para atrás. Porque si andamos por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podremos desprendernos, ni mucho menos vivir lo de hoy con satisfacción. Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de "regresar" (a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron ¡Si podemos enfrentarlos ya y ahora, hagamoslo! Si no, déjemoslo ir y cerremos el capítulo. Aprendamos a perdonarnos nuestros errores, a hacer que los otros nos perdonen, tomemos fuerzas de nuestro corazón y cambiemos lo que podemos cambiar, luchemos por lo que tenemos ahora y podemos cuidar, no por lo que tuvimos y ahora es de otro. Sino pensemos nosotros mismos que no, que no volvemos. Pero no por orgullo ni soberbia, sino porque nosotros ya no encajamos allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio. Nosotros ya no somos los mismos que se fueron, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver. Cerremos la puerta, pasemos la hoja, cerremos el círculo. Ni nosotros seremos el mismo, ni el entorno al que regresaremos será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por nosotros mismos, desprender lo que ya no está en nuestra vida. Recordemos que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo ,nada es vital para vivir porque: cuando nosotros vinimos a este mundo 'llegamos' sin ese adhesivo, por lo tanto solo es "costumbre" vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir. Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr porque, repito, nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero... cerremos, clausuremos, limpiemos, tiremos, oxigenemos, despréndamonos, sacudamonos, soltemos. Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escoja ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!

Desconozco quién escribió esto pero lo comparto absolutamente .
- Gracias a Aylén Martinez Lopez por su transfusión :P -

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