Desearemos que pasen las horas, las semanas y algún abril hasta recobrar la cordura que nos permita entender que el final era inevitable, quizás predecible y hasta conveniente. Que cada despedida no es más que un punto y aparte en nuestro historial de amores por venir en el que se enredan algunos amores sin porvenir.
Un ensayo con errores y algunos honores...y unos cuantos finales condenados a convertirse en anécdota cuando las lágrimas se den por vencidas.
Lo malo del amor, no es el amor, sino lo miserables que nos sentimos cuando se termina...
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